La higiene personal no es sólo una costumbre social: es la primera barrera para evitar que gérmenes (virus, bacterias, hongos y parásitos) entren en nuestro cuerpo o se propaguen a otras personas. Con prácticas sencillas y cotidianas —lavarnos las manos correctamente, mantener la limpieza bucal, cuidar heridas, manipular medicamentos con seguridad— reducimos drásticamente el riesgo de enfermedades comunes (gripe, gastroenteritis, infecciones de piel, etc.) y protegemos a los más vulnerables de la casa: niños, embarazadas y mayores.
Estudios y guías internacionales muestran que programas efectivos de higiene pueden prevenir una gran parte de las infecciones relacionadas con la atención sanitaria y comunitaria.
¿Por qué la higiene importa?
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Reduce transmisión de enfermedades respiratorias y gastrointestinales (p. ej. gripe, diarrea).
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Disminuye riesgo de infecciones en entornos sanitarios y en el hogar.
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Protege a grupos vulnerables (niños, ancianos, inmunodeprimidos).
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Ahorra costos de salud —menos consultas, menos medicamentos, menos días de trabajo o escuela perdidos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y agencias regionales muestran que mejorar la higiene (especialmente la de manos) puede prevenir hasta una proporción significativa de infecciones asociadas a la atención sanitaria.
La higiene de manos es la acción más efectiva y simple para evitar contagios. Aquí están las instrucciones prácticas y cuándo aplicarlas.
Cuándo lavarnos las manos (ejemplos clave):
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Antes de preparar o comer alimentos.
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Después de ir al baño.
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Después de sonarnos la nariz, toser o estornudar.
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Después de atender a una persona enferma o cambiar pañales.
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Antes y después de curar una herida.
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Tras manipular basura o tocar superficies muy tocadas en lugares públicos.
Cómo lavarnos las manos (mínimo 20 segundos):
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Mojar manos con agua corriente.
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Aplicar jabón (líquido o en barra).
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Frotar palma con palma; entrelazar dedos; frotar dorso de manos; limpiar pulgares y puntas de dedos y uñas; frotar por al menos 20 segundos (cantar “Cumpleaños” dos veces es una referencia útil).
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Enjuagar bajo agua corriente.
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Secar con toalla limpia o aire.
Si no hay agua y jabón, usar alcohol en gel con al menos 60% de alcohol como alternativa, excepto cuando las manos estén visiblemente sucias (en ese caso es preferible agua y jabón). Estas indicaciones están alineadas con CDC y guías nacionales (NHS/PAHO).
Higiene oral
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Cepillar dientes 2 veces al día y usar hilo dental. Visitar al dentista periódicamente. La higiene bucal reduce caries, gingivitis y el riesgo de infección sistémica en personas con factores de riesgo.
Baño y cuidado de la piel
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Bañarnos con la frecuencia adecuada según la actividad y el clima; secar bien pliegues (axilas, ingles).
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Mantener uñas cortas y limpias; evitar uñas artificiales si trabajamos en salud o manipulamos alimentos.
Mitos comunes
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“El agua caliente mata más gérmenes” — falso: la temperatura del agua no sustituye el tiempo y la técnica del lavado con jabón. Lo importante es frotar 20 segundos.
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“El gel antibacterial siempre es suficiente” — parcial: es muy útil cuando no hay agua, pero no elimina suciedad visible ni algunos tipos de gérmenes (por ejemplo, norovirus).
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“Usar demasiados antibacterianos en la piel es mejor” — falso: el uso excesivo de antibacterianos puede alterar la microbiota y contribuir a resistencia; la higiene básica con jabón es suficiente para la mayoría de las personas.
Checklist de Higiene Personal
| ✅ Tarea | Frecuencia recomendada | Observaciones |
|---|---|---|
| Lavar las manos en los momentos clave (antes de comer, después de ir al baño, al llegar a casa) | Diario | Usar técnica correcta: mínimo 20 segundos, jabón y agua corriente. |
| Cepillar dientes y usar hilo dental | 2 veces al día | Ideal: mañana y noche, después de comidas. |
| Mantener uñas cortas y limpias | 1 vez por semana | Evita acumulación de suciedad y gérmenes. |
| Cambiar paños de cocina y esponjas | Cada 1–2 semanas | Desinfectar entre cambios si es posible. |
| Revisar fechas de vencimiento de medicamentos en el botiquín | Cada 3 meses | Desechar según normas locales. |
| Limpiar superficies de alto contacto (manijas, interruptores, celular) | Diario | Desinfectar si hay persona enferma en casa. |
| Ventilar habitaciones | Diario (10–15 min) | Mejora calidad del aire y reduce riesgo de contagio. |
Cuidado e higiene de los pies
Los pies son una de las partes del cuerpo que más trabajo realizan cada día y, sin embargo, muchas veces reciben poca atención.
Mantenerlos limpios y secos es esencial para prevenir problemas como hongos, mal olor, grietas en la piel o infecciones en las uñas.
Lo ideal es lavarlos diariamente con agua tibia y jabón neutro, asegurándonos de limpiar también entre los dedos, donde la humedad tiende a acumularse. Después, secarlos completamente para evitar la proliferación de hongos como el pie de atleta.
Usar calcetines limpios, preferiblemente de algodón o materiales transpirables, y cambiarlos cada día también es clave.
En personas que practican deporte o usan calzado cerrado por muchas horas, se recomienda airear los pies siempre que sea posible y aplicar talcos o cremas antifúngicas preventivas.
Un corte regular de uñas —recto y no demasiado cortas— ayuda a prevenir uñas encarnadas e infecciones.
Higiene respiratoria y etiqueta al toser/estornudar
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Cubrir boca y nariz con un pañuelo desechable o con el antebrazo (no con la mano). Tirar el pañuelo y lavarse las manos.
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Mantener distancia cuando tengamos síntomas respiratorios y usar mascarilla si es aconsejable según la situación epidemiológica.
Higiene menstrual y de incontinencia
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Cambiar productos absorbentes según indicación y mantener la zona limpia y seca.
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Consultar a un profesional si hay mal olor persistente, picazón intensa o secreciones anormales.
Higiene al cocinar y manipular alimentos
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Lavar frutas y verduras; separar alimentos crudos de los listos para consumir; cocinar a temperaturas seguras; limpiar superficies y paños de cocina con frecuencia. MedlinePlus ofrece guías prácticas para limpieza y desinfección en el hogar.
Rasurado y cuidado del vello corporal
Rasurarse es una práctica común por estética, comodidad o razones culturales, pero también requiere medidas de higiene para evitar irritaciones, cortes o infecciones en la piel. Siempre debemos usar herramientas limpias: si es rasuradora manual, cambiar las hojas regularmente; si es eléctrica, limpiar los cabezales según las instrucciones del fabricante.
Antes de rasurar, lavar la zona con agua tibia y jabón para eliminar sudor y bacterias; después, aplicar una crema o gel de afeitar para proteger la piel. Una vez terminado, enjuagar con agua fría para cerrar los poros y aplicar una crema hidratante o loción sin alcohol para calmar la piel.
Es importante no compartir rasuradoras con otras personas, ya que esto puede transmitir bacterias, hongos o incluso virus como el de las verrugas cutáneas.
En personas con tendencia a pelos encarnados o foliculitis, se recomienda exfoliar suavemente la piel una o dos veces por semana para evitar que el vello quede atrapado bajo la piel.
Consulta con un profesional si notas: fiebre persistente, heridas que no cicatrizan, secreciones anormales, enrojecimiento e inflamación alrededor de una herida, vómitos/diarrea que no ceden, o cualquier síntoma preocupante. Para dudas sobre pruebas de laboratorio o medicamentos, habla con tu médico o farmacéutico.









